Agosto 03, 2008 El golazo

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Cuando Víctor Valdés sacó ni mi equipo, ni yo,  imaginabamos que pasaría lo que sucedió.

Quizás el juego que acaeció en mi habitación el pasado viernes a las 6:00 de la tarde quedó registrado en los anales de la historia, en el registro de los dioses de Fifa, quienes lo anotaron en un libro de proezas de la emoción y la virtud.

Partido en FIFA 98. Real Madrid de local ante mi equipo Barcelona. Pasados los primeros setenta minutos del  encuentro mi escuadra estaba dos goles por debajo aunque jugabamos bien.

Tres delanteros, tan sólo dos defensas y un medio campo de luchadores se tranzaban en una lucha titánica por lograr aunque sea el descuento o empate que nos permitiera seguir en los lugares altos de la tabla.

Abrir las puntas, jugar con los laterales, sacar volantes de marca , eran los consignas técnicas, pero nada. La desesperación y una gran cantidad de tiros de esquina surcaban el aire madridista pero mis pequeños jugadores no lograban anotar. Pensé que tenía bajo mi lastre la maldición de la antidefinición que viene afectando por años a mi Millos del alma y que por esta época afecta a la Selección Colombia.

De repente. Casillas sale a cortar un centro y en esas jugadas ridículas de los videojuegos el balón queda flotando en el área y mi delantero estrella, goleador del campeonato, aprovecha el ‘papayaso’ para descontar. Fue en el minuto 81. Me quedaban nueve para lograr el empate.

Real Madrid no alccanzó a sacar cuando las fieras de mi equipo, con ‘huevo’ , garra y corazón salieron a presionar lo que ocasionó que Messi en un descuido del defensa robara el balón y por la punta derecha sacara un centro que cayó justo en los pies de Ronaldhino que con magia lanzó un ‘taponazo’ que no pudo detener Iker Casillas y que me daba el empate. Grité como nunca ese gol. Lo había logrado. La máquina no había logrado vencer al ser humano. Los hombres habíamos derrotado las infamias tecnológicas y aún me quedaban cuatro minutos para soñar con la victoria.

Llegó el balón a mi arquero. Valdés sacó con desgano, como aceptando el empate que nos hacía perder el liderato de la Liga. Se la pasó Carles Puyol, quien de inmediato dió la vuelta hacia el arco del Real, allí pude intuir que algo pasaría.El león de la defensa se la pasó a Xavi Hernández quien sin pensarlo dos veces realizó un pase a Lionel Messi.

Empecé a temblar de la emoción. Algo sucedía. El ambiente de mi habitación se posó denso y como en cámara lenta. La ‘Pulga atómica’ tomo el balón por su punta. Alcancé ver unas líneas de oro por donde pisaba mi estrella y una convicción de que nada es imposible invadió mi corazón.

Por toda la punta derecha corrió el argentino hasta llegar a donde comienza el área contraría. Se sacó uno, dos, y de repente el cielo descendió, el mar se detuvó, y se detuvo mi resipración. No sé de dónde , ni como, ni porque mis dedos hicieron un giro de 360 grados al control y una bicicleta surgió de la nada, el balón se elevó, pasó por encima de Michel Salgado,dio un botecito en el piso y sin pensarlo presioné el botón de disparo con toda mi alma y corazón. El balón salió disparado con la fuerza contenida en mi visceras y el balón flotó y llegó a donde el carpintero puso la escuadra.

Grite. Me arrodillé. Una lágrima surcó mi rostro. Agradecí a Dios por el bien . En mis 22 años de juegos de video nunca había anotado un gol de semejante factura. Me pare de mi postración y reflexioné: Que golazo.

Sé que hay miles de videojugadores en el mundo que han sentido lo que yo sentí ese día. Sólo basta con observar un poco en Youtube para ver como se han subido tremendos golazos. ¿Por qué no nos cuentas tu gran gol?


Este video es un gol de un brasileño que debió sentir lo mismo que yo sentí.


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